Posteado por: escritor apasionado | 27 noviembre 2009

Antonio soy yo

Quienes se han tomado la molestia de leer los post de mi blog relacionados con una historia de amor entre Antonio y Lisbeth, debo confesarles que el tal Antonio soy yo. El nombre de ella no lo voy a divulgar por respeto. Me oculté bajo el personaje de Antonio, para poder sacar lo que llevaba dentro y gritar a los cuatro vientos que aunque la vida me fue muy injusta en el amor, quería a costa de todo, superarlo. Gracias a Dios lo logré, a pesar que esa sombra de mi pasado me persiguió hasta hace unos meses atrás.

A lo mejor el año entrante me anime a publicar lo que aprendí de esa relación tormentosa que tuve, que en su momento creí a ciegas que era lo que tanto había buscado en la vida, pero fue la vida misma la que hizo desmoronar cual castillo de naipes, cual torre de arena. La vida me dio una bofetada, aunque a ser sincero decir bofetada es un eufemismo, fue una estocada en el alma, ahí donde duele mucho porque perdí a quien amé tanto, por quien hasta daría la vida.

Recuerdo que una vez le dije: “Si un día llego a tener un hijo contigo a ese niño lo voy a querer un montón, lo voy a adorar porque será hijo de la mujer a quien amo tanto…”.

Es una historia de amor cuya ruptura fue muy penosa para mí en su momento, y desnudé mi alma cuando escribí “Me aferré a Dios“.

No me averguenzo de haber contado lo que viví en la etapa post-ruptura. No se imaginan lo que pasé, lo que sentí, lo que viví. A pesar que muy de vez en cuando -cada vez menos que antes- siento algo de dolor por su ausencia, ya me siento lo suficientemente liberado para poder contarlo, esa fue la razón por la que decidí contar esa historia en los post que precedieron.

No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista reza cierta frase, además de amor nadie se muere. La amé mucho, para mí ella lo era todo.
Sin embargo para quien lo tomó en serio, hubo quien lo tomó como un juego.

Una de las cosas que he aprendido de la vida es superar el pasado, porque no me puedo pasar toda la vida aferrado a un pasado iluso porque debo precisar que los últimos meses antes de la ruptura, esa relación se convirtió en un espejismo, porque inconscientemente -quiero pensar que fue así- el ser que decía amarme se disfrazaba para aparentar algo que ya había perdido.

Además, el hecho que muy de vez en cuando su recuerdo irrumpa sin permiso en mi memoria, no significa que no me pueda dar una nueva oportunidad con una mujer que realmente merezca mi amor, porque sé de lo que soy capaz de dar cuando amo inmensamente de forma incondicional y desinteresada a una mujer.

Sé lo que valgo, tarde o temprano se presentará alguien a quien hacer feliz y que a la vez me haga feliz, sin buscarla. Las experiencias que tuve me han enseñado tanto y además las cosas siempre pasan por algo, nunca nada sucede por mera casualidad.

Hace tiempo, el escuchar una canción, pasear por un lugar determinado, leer un libro me traía su claro recuerdo y en ese momento me ponía muy triste.

Hoy al ocurrirme esas cosas gracias a la vida, he vuelto a sonreir, a mirar el futuro con ilusión, con esperanza. Solo mantengo un recuerdo -no se si bueno o malo- de quien se fue.

El proceso para sacar del corazón a una persona con quien has compartido 8 años de tu vida no es nada fácil, es algo muy complicado, y no es suficiente salir con amigos, sino darle un sentido al sufrimiento y al dolor. Encontrar la respuesta que Dios busca en tu alma en esa situación…

El hecho de que sea algo complejo tampoco significa que es imposible. Uno debe aprender a saberse valorar, a saber que valemos no por lo que hacemos y tenemos; sino por lo que somos. ¿Quiénes somos? Hijos de Dios con una dignidad capaz de rebatir los problemas más duros que nos toque vivir.

El pasado al pasado pertenece, yo tengo el deber de concentrarme en las personas de mi presente y que a lo largo de este tiempo me han demostrado que me quieren mucho porque estuvieron a mi lado cuando más falta me hacían. Por encima de todo, está Dios que con su amor infinito permitió que esa tragedia sentimental se convirtiera en una oportunidad de crecimiento interior y no sucumbiera ante la fácil tentación de llenar esa vacío que deja la persona que se fue con sucedáneos.

Agradezco por ejemplo las decenas de amigas, amigos y familiares que estuvieron conmigo -presentes o a la distancia- el día de mi cumpleaños. Sí debo considerar una cosa, el hecho que uno se despoje para siempre de su pasado no significa convertirse en un témpano de hielo de donde emane las más frías muestras de ingratitud.

Uno siempre debe mostrar gratitud por las personas que uno quiere o estima, al margen si esa persona o alguien de su entorno nos ha hecho sufrir. Esa es la razón de ser de la gratitud y el aprecio, contrario a un deseo de venganza y resentimiento.

Para mí hubiera sido fácil haber buscado venganza y hacer la vida imposible a quienes me hicieron sufrir, pero eso no forma parte de mi ser. Mi corazón no acepta rencores, solo está capacitado a amar plenamente.

Esta canción me encanta:

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