Posteado por: escritor apasionado | 6 noviembre 2009

Antonio se despide de Lisbeth para siempre

final

Antonio esperó una semana para llamar a Lisbeth, en realidad no estaba del todo seguro en hacerlo, puesto que no tenía sentido volver a ver a una persona de la que no quería saber nada. Sin embargo, a pesar que la razón le decía que no, su corazón le pidió que lo hiciera. Sólo sabía que al margen de lo que ella dijera, él tenía que expresar lo que en ese momento su corazón sentía.

Ingresó una de esas noches al Messenger y encontró en línea a Luis, hermano de Lisbeth, quien le dijo que ella se encontraba en casa y que podía llamarla. De inmediato Antonio cogió el celular y llamó. Quedó verse el jueves a las 7pm en Plaza Primavera.

Ese día por la tarde Antonio salió temprano del trabajo y se tomó una siesta que le permitió recuperar energías y salir lúcido y relajado a la cita con su ex amor. Pensó que no iba a tener contratiempos, pero no contó con el infernal tráfico que ese día hubo al finalizar la tarde. Era una de las cosas que más detestaba de Lima, cuando uno estaba encerrado en un auto, quieto y atorado en medio de una avenida, donde el auto solo avanza a razón de 10 metros por cada cinco minutos.

El tráfico le jugó mal y llegó media hora tarde a la cita. Durante ese tiempo Lisbeth llamó dos veces a Antonio preguntándole por dónde venía y pidiéndole que se apure. Antonio llegó corriendo y lo primero que hizo fue pedirle disculpas. Siempre se caracterizó por ser muy puntual en sus encuentros amorosos. Pero esta vez quedó muy mal y lo mínimo que podía hacer para reivindicarse con Lisbeth era pedirle disculpas.

Caminaron por el pasillo y se sentaron a tomar un café. Antonio empezó a contar sus nuevas aficiones, gustos musicales, pasatiempos preferidos, amistades y también de paso aprovechó para contar las novedades en su vida profesional y laboral. Lisbeth no paraba de reír pues aún no podía creer que el hombre que tenía al frente era el mismo con el que había compartido muchos años de su vida. No podía asimilar tan rápido el abrupto cambio de vida que dio Antonio en los pocos meses que estuvieron sin verse.

Estuvieron hablando casi hora y media. Antonio le dijo que a pesar que hubiera sufrido mucho nunca iba a guardar rencor en su corazón y que siempre seguirá con la misma ilusión puesta para poder hacer feliz a cualquier mujer que la vida la presente en el futuro.

Lisbeth, lejos de vencer su tonto orgullo y pedirle perdón por el daño que le causó, más bien se hizo la “sueca”.

Hasta que llegó el momento en el que Antonio sacó todo lo que llevaba dentro y se lo expresó sin temores a Lisbeth:

-¿Sabes qué Lisbeth? Quiero aprovechar este momento para pedirte perdón por todas las veces en las que te hice sufrir o te causé daño directa o indirectamente. Muchas veces actúa movido por egoísmo y reconozco que eso generó una fractura muy grande en la relación que tuvimos. Aparte de esto, que al margen de la situación en la que te encuentras, quiero que sepas que aún te sigo queriendo, que sigues presente en mi vida, en mi mente y en mi corazón, sigues siendo una persona muy importante y significas mucho. Además cualquier cosa puedes contar conmigo.

-Siempre esperé escuchar eso que acabas de decir, bueno no si sabrás cómo es mi situación actual, no quiero comentártela porque no quiero que te incomodes.

-No es necesario que me la cuentes, estoy bien informado y sé que estás en otra relación. Lo que te he dicho no es para ganarme puntos y quedar bien contigo, no es para pedirte que vuelvas conmigo, no he venido a pedirte ni exigirte nada, solo quería que me escuches y agradezco que lo hayas hecho, quería expresar lo que siento al margen de la situación en la que te encuentras.

Lisbeth suspiró y quedó mirando fijamente a los ojos de Antonio. Pero cuando todo parecía indicar que una reconciliación estaba ad portas, bajó la mirada con cierta tristeza, sabía que dentro de ella había algo que le impedía ser sincera consigo misma. Sabía que a pesar que la vida le había dado la oportunidad de conocer una persona nueva, aún no había asumido el costo ni la carga de su pasado.

Él tampoco había logrado digerir por completo el pasado que la unía a ella, pero al menos había tenido la valentía de enfrentarlo con crudeza, aunque al principio huyó despavorido de ese pasado como un loco que no sabe hacia dónde se dirige. Esa es la razón por la que Antonio quería dejar claras las cosas y dejar que su corazón se expresara con total transparencia, sin temor a ese fantasma cuya sombra lo perseguía meses atrás, pero que al fin había decidido buscarlo para ponerle punto final a esta historia de miel y veneno.

Antonio aquella noche, mientras ella platicaba, pudo analizar en sus gestos y su mirada, su nulo interés hacia él y pudo deducir sin mucho esfuerzo que las esperanzas e ilusiones de volver con ella eran del todo inútiles. Por eso, mientras caminaron por el pasillo para dirigirse hacia la puerta de Cine Planet, solo le pidió darle un abrazo y se lo dio bien fuerte porque con ese último calor que recibía en su pecho, se estaba despidiendo para siempre de esa mujer que años atrás lo cautivó, que hizo todo por hacerla feliz, pero esa relación le había dado muchas lecciones, las cuáles aplicaría en sus siguientes relaciones, años después.

Después de ese último abrazo Antonio tomó un taxi y se fue a Miraflores. Parece que el destino quería poner el sello final a esta historia con sabor amargo porque mientras Antonio regresaba a Miraflores, en el auto se escuchó la canción Como quien pierde una estrella, de Alejandro Fernandez. Así que no dudó en tomar su libreta y anotar lo que en ese momento le brotaba del alma:

Fuiste todo en mi vida y hoy no eres ni rastro
Porque ese todo se hizo polvo en mi alma
Porque esa sonrisa que un día dibujaste en mis labios hoy no saben a nada
Porque esa mirada que una noche me desveló hoy me hace dormir intacto
Nunca amé tanto en la vida, nunca
Nunca lo di todo por una mujer
Nunca mi cuerpo dejó de ser tuyo
Nunca mi alma festejó tanto tu dicha
Nunca antes quise tener un hijo como contigo lo quise
Pero nuestro amor tal vez fue eso,
Un mar lleno de intenciones
Un desierto donde el amor es estéril
Un follaje donde solo crecen espinas
Al inicio todo era amor, al final todo era desdicha y llanto
Me voy triste porque ya no estás,
Me voy alegre porque fui feliz mientras te amé.
Adiós para siempre, Adiós Lisbeth.

Las despedidas son muy tristes y Antonio aquella noche sintió que todo había llegado a su fin, que tanto el amor como el sufrimiento habían cumplido su ciclo completo con Lisbeth. Que era momento de partir para tomar otros rumbos. Antonio regresó completamente deshecho, con el corazón herido, con el alma henchida de llanto.

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