Posteado por: escritor apasionado | 2 noviembre 2009

Nathalie, Lisbeth y Antonio

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Nathalie vivía a un par de cuadras de la casa de Lisbeth, esa fue la razón por la que Antonio la escogió como la más indicada para recoger el libro “Hablar con Dios”. Un libro que fue uno de los innumerables intentos que en su tiempo Antonio hizo por acercar a Lisbeth hacia la oración y la vida espiritual.

Antonio se reunió con Nathalie aquel miércoles por la noche en Plaza Vea de Angamos. Eran las 7pm. Mientras caminaban le indicó el número y el color de la casa.

Antonio no volvía a pisar esa calle desde el momento en el que se reunió meses atrás con Lisbeth para dar fin a esa relación que un día lo hizo muy feliz, pero que de pronto se terminó convirtiendo en un verdadero martirio y pensó en ese entonces que la vida le había sido quizás muy injusta y la suerte muy esquiva.

Antes de entrar a la calle se topó con una mujer que iba con los brazos escondidos, pensativa, preocupada, andrajosa, cabizbaja, con una facha que dejaba mucho que desear de su actual situación. Antonio la encontró muy parecida a Lisbeth pero no podía creer que fuera ella, por eso no se animó a irrumpir su paso para abordarla. La dejó pasar y se quedó parado en la esquina esperando a Nathalie, quien en ese momento tocaba el timbre en la puerta de la casa de Lisbeth.

-Buenas noches señor, ¿Se encuentra Lisbeth?
-No, pero yo soy su papá. ¿Desea algo?
-Sí. Mire. Yo vengo de parte de Antonio para recoger un libro que iba a dejar encargado. Él ya se ha comunicado con ella por correo electrónico.
-No sé si te habrás encontrado con ella, porque justo ahorita acaba de salir.
-Bueno lo que pasa señor es que yo no la conozco, solo mi amigo me pidió que viniera a recoger el libro.
-Buena ella todos los días se larga a esta hora a llamar media hora por teléfono, así que no está. De todos modos, llamaré a su mamá. Buenas noches.
-Buenas noches señor.

Al poco rato, salió la mamá de Lisbeth, quien al ver a Nathalie se la quedó mirando detenidamente, como quien ve por primera vez a un ser desconocido. En ese momento Nathalie aprovechó para llamar al celular de Antonio.

-Antonio, he venido acá, pero Lisbeth no se encuentra, ha salido su mami, acá te la paso.
-Aló señora, buenas noches, soy Antonio, perdone la molestia, solo que he enviado a una amiga para que le entregue el libro Hablar con Dios que le presté a Lisbeth.
-Hola Antonio, ya no te preocupes, ahorita se lo paso a tu amiga, bueno cuídate mucho, nos vemos.
-Hasta luego señora.

La madre de Lisbeth ingresó nuevamente a la casa a buscar el libro y después de unos breves minutos volvió a salir para entregárselo a Nathalie.

-Aquí tienes el libro, espero que sea ese.
-Sí, supongo que este sea. Bueno señora, muchas gracias, es usted muy amable.
-No te preocupes, cuídate mucho, saludos.
-Nos vemos señora.

Después que la madre de Lisbeth cerró la puerta de su casa, Nathalie caminó presurosa para encontrarse con Antonio, quien la esperaba en la esquina.

-¿Es este el libro?
-Sí, claro.
-¿Sabes? El papá de Lisbeth me dijo que ella había salido a llamar por teléfono, así que debe estar por aquí cerca en un locutorio o en un teléfono público. Tengo ganas de conocerla, ¿Qué te parece si la buscamos?
-Esta bien, yo sé dónde puede estar

Antonio recordó la tienda preferida de Lisbeth, donde con mucha frecuencia la acompañaba a comprar ciertas cosas al cerrar la noche en esos tiempos en los que ambos caminaban por la avenida Angamos. Al cruzar la pista y llegar a la tienda, en efecto encontró prendida del auricular a Lisbeth, estaba tan concentrada hablando por teléfono que siquiera se percató de la presencia de Antonio, quien en ese momento comprobó que aquella mujer que vio minutos atrás era la misma que ahora hablaba por teléfono, no cabía duda que se trataba de Lisbeth. Natalie entró a la tienda a comprar cigarros y caramelos. Con cierta duda, Antonio se acercó, le tocó el hombro y le dijo: “Hola Lisbeth”

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Cuando Lisbeth escuchó la voz de Antonio y volteó a mirarlo con detenimiento, de manera inmediata se quitó las gafas y volvió al auricular para decir:

-Tengo que colgar, te llamo más tarde.
Hola Antonio, qué sorpresa, te vez bien jovial, haz dado un cambio tremendo, ni te había reconocido.
-Hola Lisbeth, tal como te lo dije por correo, vine a recoger el libro “hablar con Dios” que ahora tengo en mis manos, pero le pedí a mi amiga que lo recoja, porque tal parece que no me querías ver.
-Perdona, la verdad mi correo fue hackeado y además mi celular se me perdió. Pero te dejo mi número de mi casa para cualquier cosa.
-a ver dime para registrarlo en mi celu, ¿cómo estás?
-Yo, bien, bueno perdona que me encuentres en estas fachas, no tenía pensado verte. Pero se te ve distinto ah, que tal cambio.
-Pues sí, la verdad es que he dado un cambio de 360º, totalmente abismal al Antonio que un día dejaste.

En eso, Natalie salió de la tienda y se acercó a Antonio, quien se la presentó a Lisbeth.

-Lisbeth, te presento a mi amiga Nathalie.
-Hola Lisbeth, qué tal, mucho gusto.
-Hola que tal- respondió Lisbeth quien quedó sorprendida mirándola de pies a cabeza.
-Bueno Lisbeth – le dijo Nathalie- ¿Qué te parece si vamos con Antonio a comer o tomar algo acá cerca como que conversamos los tres?
-Lo que pasa es que tengo que volver a llamar por teléfono y me voy a demorar, además tendría que irme a cambiar porque estoy en unas fachas.
-No te preocupes que nosotros te esperamos en la esquina mientras hablas y luego te acompañamos a tu casa para que te cambies y salimos a platicar un rato.
-Esta bien, me esperan.

Antonio caminó con Nathalie hasta la esquina y se entretuvieron los minutos siguientes escuchando música del mp3 de Antonio, en el que dejaron sonar: Poker Face de Lady Gaga, Wrong Impression de Natalie Imbruglia y Fidelity de Regina Spektor.

Mientras escuchaban música, Nathalie pudo darse cuenta que mientras Lisbeth hablaba por teléfono, no dejaba de mirar a Antonio. Gilberto, la actual pareja de Lisbeth, en una muestra de celos e inseguridad logró convencer a Lisbeth por el auricular para que rechazara la propuesta de Nathalie. Al rato, una vez que Lisbeth terminó su charla diaria con Gilberto, les dio el encuentro a Lisbeth y Antonio.

-Chicos, me van a perdonar, pero no voy a poder salir con ustedes. Pero vamos a mi casa como que me acompañan.
-Mi papi me dijo que te había visto por televisión por un libro que acabas de escribir y ¿Es cierto que se publicará en la Feria del Libro?
-Bueno, la verdad habrá sido mi doble el que ha visto pues no escribo desde el año pasado, ahora estoy más orientado hacia la música y los conciertos.
– ¿Así? ¿Qué tal cambio no?
-Así es, ahora no hay fin de semana que no salga a divertirme, a relajarme, a bailar. ¿Y cómo estás de salud pues a fines del año pasado no estabas tan bien que digamos?, incluso te ibas a hacer una intervención ambulatoria.
-Sí, pero gracias a Dios todo salió muy bien y ¿cuéntame cómo te va en tu trabajo?
-Pues la verdad bien, me he mudado hace poco, ahora estoy viviendo en toda la avenida Angamos, cerca de la avenida Arequipa.
-¿Así? Ah mira pues, que bien.
-Te cuento que hace un mes estuve en Etnias y te vi pero no me acerqué porque se te notaba muy ocupada, y no quería incomodarte.
-Algo así me contaron, pensé que era una broma, pero ahora veo que si fue verdad.
-Claro, estuve allí, pero por solo un momento, luego me fui.
-¿Así que ahora paras en fiestas? –Dijo Lisbeth y dirigiéndose a Nathalie continuó- Qué bueno porque Antonio tiene sus facetas, a veces le da por salir, otras por encerrarse, a veces le da por ir al cine, otras por ver televisión, otras por no ver y mejor se pone a leer.

Pero Nathalie en el poco tiempo que llevaba de amistad con Antonio, había logrado conocerlo lo suficiente como para darse cuenta que esa impresión que Lisbeth tenía de Antonio era trasnochada, pertenecía al pasado. Ahora Antonio era otro, sabía equilibrar las distintas facetas de su vida: escritor, amigo, viajero, bailarín, moderno, alegre, con buen sentido del humor y sobretodo un caballero al tratar a las mujeres. De tal modo, que Nathalie atinó a soltar una sonrisa irónica como haciéndole saber a Lisbeth que las cosas habían cambiado desde hace meses atrás.
Al rato Lisbeth dio un abrazo a Antonio y lo despidió diciéndole que cualquier cosa la llamara a su casa.
Antonio, dejó pasar unos cuantos días y la llamó a Lisbeth para concertar una cita donde pensaba definir su situación afectiva. A pesar que las esperanzas de volver con ella eran del todo nulas, Antonio quería decirle lo que sentía.

Este es una de las canciones que ese día escucharon Antonio y Nathalie, mientras esperaban que Lisbeth terminara de hablar con Gilberto.

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