Posteado por: escritor apasionado | 29 octubre 2009

Un encuentro involuntario

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Antonio caminó sin prisa por el Parque Kennedy, la cita con Katty era a las 9pm en la entrada de la Calle de las Pizzas. Minutos antes, había bajado del taxi que lo trajo desde la cuadra 12 de la avenida Brasil, en cuyas galerías adquirió discos de Rock en inglés, New Wave, SynthPop y Electro House.

Aquella noche llevaba puesto un polo negro con el emblema de The Cure, uno de sus grupos favoritos. Al poco rato pudo divisar desde dos cuadras atrás la llegada de Katty. Esa capacidad de poder reconocer a lo lejos a una persona siempre le había permitido ciertas ventajas al momento de esperar a alguien.

-Hola Antonio, ¿cómo estás?, ¡Qué bonito tu polo!
-Gracias, tú estás preciosa, bien linda te ves
-Gracias, bueno, ¿Dónde vamos?
-¿Qué te parece si vamos a Piropos?
-Ya pues, chévere, vamos
-Y eso que llevas allí, ¿Son discos? ¿Puedo verlos? ¿De qué música es?
-Claro, justo acabo de comprarlos en la 12 de brasil, toma.
-Ah mira, están buenazos ah.

Una vez que ingresaron a Piropos, pidieron varias jarras de sangría, la cuál estaba muy digerible, ni tan fuerte ni tan dulce. Tenía un sabor equilibrado y suave. Conversaron, rieron, se contaron algunas anécdotas alegres y divertidas, bailaron algo de salsa y merengue. Justo cuando la noche estaba en su mejor momento, hubo apagón. Se escuchó el grito de las chicas en coro. Al instante podían verse las luces de los celulares y de algunos cigarros encendidos.

A los pocos minutos el fluido eléctrico se restableció y con ello el baile también empezó a dar sus mejores movimientos en la pista. Las chicas empezaban a contornear su cintura y a mover las caderas.

Terminando la tercera jarra Antonio le propuso a Katty ir al Oso Bar, así que salimos de Piropos para caminar por la calle Berlín y llegar a ese antro al cuál no iba semanas atrás.

Al salir quedaron sorprendidos al comprobar que afuera todo estaba a oscuras, la discoteca donde habíamos estado era la única que contaba con equipo electrógeno, mientras el resto de restaurantes y bares estaban con velas.

En vista que el apagón era general en todo Miraflores, decidieron cambiar de rumbo e irse a San Borja, a alguna disco cerca de a la avenida Aviación. Mientras iban en el taxi perdieron el contacto con la realidad y se sumieron en un mar de besos y caricias.

Al abrir nuevamente los ojos comprobaron que San Borja también estaba a oscuras. Así que decidieron ir al Centro de Lima.

-Yo tengo una amiga que trabaja en una discoteca en el centro, se llama Mirella.
-¿Mirella? ¿No vive acaso en Pueblo Libre y trabaja en Etnias?
-Claro, ¿La conoces?
-Bueno, no es que sea mi amiga, pero sé quien es, amiga y compañera de trabajo de Lisbeth, mi ex enamorada.
-¿Anda? ¿Serio? Ah mira, jajaja, qué chiquito es el mundo.
-Sí, ya me di cuenta.
-Ella es mi pataza del alma, siempre me invitó, pero nunca fui a su chamba.
-¿Qué te parece si vamos al Mao Bar un rato?
-Claro, chévere.

Al llegar al Mao Bar, comprobaron que el ambiente estaba medio enrarecido, había menos gente de lo usual.

-¿Sabes? Creo que acá no pasa nada ah.
-Sí tienes razón.
-¿Está cerca el Etnias?
-El nuevo Etnias donde trabaja Mirella está acá nomás en la Plaza San Martín.
-¿Así? Vamos pues, quiero saludar a mi amiga.
-Mejor la saludas otro día, mejor vamos al Yakanas.

Antonio para sus adentros se arrepentía de haberle mencionado a Katty sobre su lejana amistad con Mirella. No tanto porque no quería que Katty se reencontrara con su amiga, sino porque al entrar a Etnias, iba a volverse a encontrar con Lisbeth, a quien no veía desde el 11 de enero. Katty insistió tanto, que Antonio aceptó.

-Está bien, vamos.
Caminaron por toda la Plaza San Martín y al llegar Katty le espetó a Antonio:
-Vamos, ¿Supongo que entrarás conmigo no?
-No mejor te espero acá afuera, anda saluda a tu amiga y vienes.
-Acompáñame por favor.
-Está bien, vamos.

Al entrar el portero –pareja de Mirella- lo reconoció y saludó. Se quedó sorprendido al verlo entrar allí acompañado de Katty. Mientras bajaron por las escaleras Antonio pudo divisar la barra de la discoteca y el primer rostro que vieron sus ojos fue el de Lisbeth, quien estaba ocupada atendiendo a los clientes con sus pedidos de cerveza.

Cuando la vio, sintió que perdía todas sus fuerzas, fue allí cuando se dio cuenta que había vivido engañado todo este tiempo haciéndose creer a si mismo que la había olvidado, que había logrado sacarla de su corazón, pero al verla allí, comprobó que todo era una auténtica mentira. Parecía como hubiera sido ayer, y su memoria se proyectó a aquel lunes fatídico en el que meses atrás habían terminado.
Katty bajó a la pista de baile en busca de su amiga, mientras que Antonio la esperó al otro lado, pude esconderse bien para que Lisbeth no lo viera. Al ratito Katty vino muy contenta:

-Acabo de ver a mi amiga, me dice que tiene una mesa libre para nosotros, así que podemos quedarnos aquí y pedir una jarra de cerveza, ¿Qué dices?
-Lo siento mucho Katty, pero tenemos que irnos.

Mientras Antonio trataba de darle una explicación a Katty sobre sus ganas de salir despavorido de ese lugar, pasó por su lado Mirella, quien lo reconoció y corrió a la barra a contarle a Lisbeth sobre su presencia.

-¿Pero por qué Antonio? No te entiendo.
-Vamos, por favor, te prometo que afuera te cuento todo, pero lo único que quiero ahora es salir de aquí.
-Está bien, pero me vas a tener que contar con detalle lo que te pasa. Te has puesto pálido y nervioso, no sé qué tienes.

En cuanto pudo, Antonio salió de esa discoteca y ya casi cuando estuvo en la puerta principal, escuchó la voz de Lisbeth que lo llamó desde abajo.

Quiso mirar el pasado que se encontraba detrás de él pero prefirió mirar el futuro que estaba delante. Al dar unos pasos, Antonio quería estar lejos de allí, tomarse un par de chelas, desahogarse y contarle toda la historia a Katty, así que ambos subieron en un taxi rumbo a Barranco. En la peña Oita Nomá desató todo lo que llevaba dentro, no se si era amor, cariño, recuerdos, o lo que sea pero lo sacó de su alma y le narró esa historia de amor con sabor amargo.

Katty se dedicaba a consolar a Antonio, lo llenó de besos y caricias. Llegaron a tomarse hasta cuatro jarras de chelas y pasaron la noche juntos.

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Responses

  1. A veces uno se engañan creyendo que olvida, pero es el corazón quien realmente nos dice si ha sanado…


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