Posteado por: escritor apasionado | 18 octubre 2009

Una amanecida inusual

disco
Una vez que abroché mi cinturón de seguridad, partimos en el auto de Francisco con rumbo desconocido, no sabíamos en realidad hacia dónde íbamos, lo único de lo que estábamos seguros era que teníamos conquistar el mundo, mejor dicho, dominar la gran Lima y dentro de esta gran ciudad, conocer a chicas con quienes poder bailar, tomar, conversar y pasarla chévere.

La noche aún era joven, apenas las nueve. La avenida Larco aún mostraba tímidamente sus bondades a los transeúntes que iban de compras, otros tomaban café y platicaban sobre innumerables temas. Algunos se mostraban tan concentrados en sus conversaciones que siquiera se percataban de lo que sucedía a unos cuantos metros, en las calles miraflorinas.
-Ya chato, hoy día la hacemos ah, tenemos que ser lanzas, ¿A dónde vamos?
-Vamos a Aires Peruanos, en el centro de Lima, como que vemos que tal está el ambiente, nos tomamos unas chelas como que calentamos los motores, pero por si acaso allí se baila cumbia y es con orquesta en vivo.
-Anda, no jodas, ya pues vamos, pero ¿qué tal están las flacas?
-Sort of.
Estacionamos el auto en una cochera e ingresamos, pero el primer piso estaba totalmente lleno, así que bajamos al sótano, pedimos un par de chelas sin perder de vista algún grupo de chicas solas para sacarlas a bailar y hacerles la conversa.
Al cabo de una media hora, Francisco se aburrió al no encontrar una mujer que satisfaga sus expectativas estéticas.
-Oe chato, no pasa nada aquí.
-Jajajaja, ya pues terminamos estas chelas y nos vamos al nivel de arriba.
Una vez que terminamos de tomar las cervezas, subimos al primer nivel y burlando la seguridad ingresamos, escogimos una mesa ubicada estratégicamente al centro, para desde allí, divisar mujeres dispuestas a bailar y divertirse un rato.
Conforme pasaban los minutos en aquel local se dejaba escuchar una música que nos traían recuerdos de Piura, cumbia de los grupos musicales Agua Marina y Armonía 10. Así que, sin ponerle freno a la nostalgia, pedimos sin cesar más botellas de cerveza hasta quedar medianamente ebrios.
Al ver que no conseguimos nuestro objetivo en común, salimos de Aires Peruanos rumbo a la calle de las Pizzas, en Miraflores. A pesar que estaba mal dejar que mi amigo Francisco conduzca en ese estado, a veces me sorprendía la tranquilidad con la que manejaba cuando estaba así. Pero no le podía decir nada, porque era uno de esas personas a las que hay que decirle las cosas con cierto tino para evitar un conflicto que podía terminar mal.
Entramos a la discoteca Piropos, estaba llena de gente, grupos de chicas solas, parejas y chicos que al igual que nosotros también estaban de casería. Pedimos un par de cervezas Stella Artois, mientras mirábamos a alguna incauta para sacarla a bailar.
Dicho y hecho, en un momento en el que Francisco se fue al baño, el DJ de la disco cambió de tema y saqué a bailar a una chica.
-Hola que tal, vamos a bailar.
Ella miró a sus amigas, quienes les respondieron con una mirada aprobatoria.
-Vamos.
La tomé de la mano y la llevé al centro de la pista de baile.
-¿Qué tal? ¿Cómo te llamas amiga?
-Karina, ¿y tú?
-Antonio.
-¿Por qué no te llamaste mejor Hermosa? Porque eres linda y preciosa.
-Jajaja, gracias
-¿Siempre vienes por acá?
-Es la primera vez.
-Me caes bien, ¿sabes? He venido con un amigo, ¿qué te parece si nos unimos con tus amigas?
-Ya pues, chévere.
-Tienes unos ojos preciosos, cualquiera se quedaría encantado con tu mirada.
-¡Qué tierno, eres! Y Cuéntame, ¿A qué te dedicas?
-Mas bien la pregunta sería, ¿A qué no me dedico? Porque hago tantas cosas, pero en resumen soy artista.
-¿Así? ¿Pintas cuadros?
-Jajaja, hay un arte en el que soy especialista, el arte de amar, y nunca me sentí tan inspirado como hoy, con una compañía tan agradable como la tuya, porque además de ser atractiva eres encantadora en tu forma de ser, hace tiempo que no conocía a una persona tan especial como tú.
-Me haces sentir muy bien, gracias por todas las cosas bonitas que me dices.
-Yo no invento nada Karina, simplemente expreso lo que me fluye naturalmente del alma. En tus ojos puedo ver el reflejo de lo que llevas dentro de tu corazón.
Sin darnos cuenta, habían pasado varios temas seguidos, volteamos a mirar y de manera unánime Francisco por un lado y las amigas de Karina por el otro, nos miraban detenidamente. Después de bailar cada uno se dirigió a su grupo.
-¡Tranquilo chato! No pierdes el tiempo
-La chica con la que acabo de bailar es chévere, le he dicho para unirnos a su grupo.
-¡Así! ¿Y qué te dijo?
-Que ya, ahorita les está diciendo a sus amigas- las cuáles en ese mismo instante regresaban a mirarnos, mientras que Karina me hizo una seña para ir a su grupo.
-Hola que tal, yo soy Antonio y mi amigo es Francisco.
-Que tal chicos, vamos a bailar pues.
-Vamos.
Bailando perdimos la noción del tiempo, una de las chicas miró su reloj y convenció a sus amigas para retirarse del local. Eran casi las tres de la mañana, hora en la que cierran las discos de Miraflores, por una orden municipal. Aproveché ese momento para intercambiar números de celular con Karina, mientras sus amigas se despedían.
-Chato, la próxima vez, mejor escoge dos chicas solas, porque ellas eran cuatro, no la hacíamos allí.
-Bueno no importa, al menos ya bailamos un rato.
-Anda huevón, yo no sólo vengo a bailar.
-¿A dónde vamos ahora?
-Vamos a la Sede
-¿Dónde queda eso?
-Es una disco que está en la avenida 28 de Julio. Pero por si acaso es Open Mind, tienes que estar abierto mentalmente a todo.
-Ok, te entiendo, normal.
Una vez fuera, salimos en busca del auto y fuimos a 28 de Julio. Una vez dentro de La Sede, habían parejas heterosexuales y otras que no. Yo pasé toda la noche tomando cerveza, mientras que Francisco se la pasó tomando wisky de las rocas. Una de las cosas que me agradó mucho de ese point fue su música, aparte de variada, el DJ del local hacía muy buenas selecciones, por ejemplo de Depeche Mode, Rolling Stones, Erasure, Keane, entre otros.
Una vez que terminamos de libar licor, salimos de La Sede supuestamente para irnos cada uno a su casa, pero una vez dentro del auto, Francisco se dirigió a Vivanda y compró un ron. Yo me quedé en el auto, eran casi las 6 y 30 de la mañana. Prendí la radio y escuché la canción Kingston Town de UB40. De manera inmediata las lágrimas inundaron mi rostro, no dejaban de correr sin permiso. Aquella canción me hizo recordar a Lisbeth, mi ex enamorada y con quien compartí 8 largos años de mi vida. Habían pasado apenas 3 meses de nuestra ruptura.
En eso, Francisco regresó al auto con la botella de ron en la mano, me vio y me dijo:
-Puta chato, no llores mierda, otra vez te has acordado de esa huevona, ya olvídate mierda, esa cojuda no merece que ni la recuerdes, no vale la pena.
-Una cosa es lo que me dice la razón y otra el corazón, he intentado de mil formas sacarla de mi alma, pero no puedo.
-¿Cómo que no se puede? Sí se puede chato, todo depende de ti.
Salimos del estacionamiento de Vivanda y nos fuimos a tomar a la casa de Francisco, encendió su equipo y puso un CD de Julio Jaramillo. Esos pasillos me hacían recordar a Piura, pero de la letra de sus canciones emanaba tanto sentimiento que tampoco podía dejar de recordar a Lisbeth.
Mientras tomábamos el ron, Francisco empezó a hablarme de varias conclusiones a las que él había llegado fruto de su propia experiencia. Siempre me gustaba escuchar las reflexiones de Francisco cuando estaba ebrio porque soltaba unas frases con mucho sentido, con una profundidad casi inigualable, preñadas de trascendencia. Por eso siempre cuando me hablaba borracho, le prestaba mucha atención a lo que decía. Francisco nunca aplicaba en su propia vida los consejos que me daba, sabía de sobra lo que estaba bien y no, pero nunca se tomaba el trabajo de llevarlos a la práctica. Yo no puedo decir que los aplicaba a la perfección, pero al menos hacía el intento.
-¿Sabes chato? Cuando uno comete errores en la vida, termina cagando personas. Es decir, perjudicamos a una o más personas, directa o indirectamente. Por eso siempre hay que tener cuidado con las decisiones que tomamos. Por eso, antes de tomar una decisión, piensa bien chato, piénsatela bien la vida que llevas.
Otra cosa que he aprendido es a no juzgar a la gente, nunca etiquetes o emitas opiniones de la gente porque los seres humanos somos impredecibles, uno nunca sabe cómo va a reaccionar ante determinada circunstancia. Por eso, evita juzgar a los demás.
Mientras oíamos a Julio Jaramillo, nos terminamos el ron y me retiré a mi casa a eso de las 9 de la mañana. Cuando desperté, eran las seis de la tarde.

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