Posteado por: escritor apasionado | 15 octubre 2009

Una pollada en Los Olivos

pollada
Pasaron los días y decidí alejarme nuevamente por un tiempo de Lisbeth, guardar silencio y dejar que sea la vida misma quien se encargue de hacernos encontrar de forma sorpresiva, como por cierto sucedería meses después.
El sábado por la tarde, después de almorzar, entré al Messenger y encontré en línea a José Morán, un amigo de años que lo conocía desde Piura y que hace tiempo que no nos tomábamos un par de chelas como en los viejos tiempos lo hacíamos en Piura, en esas fiestas nocturnas que duraban hasta el amanecer.

-Habla.
-Que tal.
-¿Y eso? ¿Qué tienes?
-Naaa, dime, ¿qué novelas?
-¿Qué tienes que hacer más tarde?
-Naaa, toy libre, ¿por?
-Me han invitado a una pollada, habla, ¿vamos?
-Ya pues, ¿dónde y a qué hora?
-Tres de la tarde en plaza vea de universitaria.
-Listo, me doy un baño, me cambio y salgo para allá en un rato.
-Ok, allá nos vemos.
-Bye.
Aún no había terminado de digerir el almuerzo y me di un baño con agua fría. Me puse un pantalón de jeans azul y un polo Dolce & Gabbana color blanco, ligeramente pegado al cuerpo.
Tomé un taxi y no tardé mucho en llegar temprano al punto de encuentro, así que tuve que esperar sentado en el paradero interno de Plaza Vea. Mientras veía las combis y autos pasar por toda la avenida universitaria llegó mi amigo. Ni bien lo vi, le dije:

-¿Tanto te demoras?
-Fuera de acá, espera pues.
-Jajaja. ¿Dónde es? ¿Hay flacas o no?
-Supongo que sí, mi pata me dijo que sí.
-Ok.
-Es por acá a un par de cuadras de Plaza Vea.

Caminamos un poco y cuando llegamos había un toldo color morado que recién lo estaban terminando de instalar. Literalmente no había ni un gato, eran las tres de la tarde, pero sólo estaban los organizadores de la fiesta. Así que por un gesto de solidaridad tuvimos que consumir una caja de cerveza entre los dos con nuestras respectivas porciones de pollada, que por cierto estaban bien ricas.
A eso de las seis de la tarde, el alcohol empezaba a subirse a la cabeza y mientras seguíamos tomando con la música retro de Agua Marina y Armonía 10 de Piura, llegaron tres chicas, familia de los organizadores, eran las únicas mujeres de la fiesta. Yo puse la mirada en una de ellas, que me pareció a simple vista una mujer sencilla, simpática y alegre, cualidades que siempre había destacado en una mujer.
Con mi amigo empezamos a recordar los viejos romances que cada uno había tenido desde las épocas que vivíamos en Piura. Añoramos los momentos de juerga que compartimos con otro amigo llamado Carlos Arrese.

De pronto ni celular timbró, era la llamada perdida de Magaly, con quien había tenido una salida muy romántica a una playa en el verano, el primer día de febrero. De ese encuentro solo queda una foto que ahora luce en el Facebook. Fue una de esas salidas inolvidables en las que la seducción, la atracción, el cariño, el deseo y la ilusión se entremezclan para pintar de un color distinto la vida.
Magaly era ancashina, sus ojos marrones, su piel clara junto con su sonrisa de niña, su cabello castaño y su forma de ser, tan dulce, tan tierna, hacían la combinación perfecta para que ese día la orilla del mar se convirtiera en único testigo del inicio de un romance. Ilusión que nos duró muy poco pues días después tuvo que viajar a su tierra por razones familiares. Desde esa fecha no volví a tener noticias suyas hasta el día de la pollada.
Mientras con cierto disimulo miraba a aquella chica, de quien me averigüé el nombre –se llamaba Nora-; en el bolsillo de mi pantalón sentía una vibración del celular, avisándome que Magaly se quería comunicar conmigo.
Tuve que salir a la esquina para alejarme de la bulla y poder devolver la llamada.

-Hola Magaly, qué tal, ¿cómo estás? ¿Qué sorpresa tan agradable recibir tu llamada? ¿Qué ha sido de tu vida?
-Pues bien, acabo de llegar a Lima hoy por la mañana y tú, ¿qué tal?, ¿tienes tiempo para vernos?
-Claro, tú dime a qué hora
-En una hora, en el mismo sitio donde nos encontramos la última vez.
-Ok, nos vemos preciosa.
-Besos, nos vemos.

Regresé rápido a la fiesta con el fin de despedirme de mi amigo e ir al encuentro de Magaly. Cuando llegué, mi amigo no quería dejarme ir, así que tuve que aceptarle una cerveza más antes de irme. Los minutos corrían y no perdonaban mi intento de salir rápido de esa fiesta para poder encontrarme con Magaly. Por unos minutos me olvidé por completo de mi intención de conocer a Nora, así que cuando me despedí, le prometí a mi amigo hacer todo lo posible por regresar.
Salí corriendo raudamente hacia la esquina a tomar un taxi, pero parecía que la suerte no estaba de mi lado porque todos los semáforos de la avenida universitaria los encontramos en rojo, los minutos transcurrían y al fin llegamos a mi casa, subí a cambiarme y por las mismas salí a tomar otro taxi, que también corrió la misma suerte que el anterior.
Cuando llegué no había nadie, me había tardado cerca de media hora, llamé a su celular, pero me contestó su hermana diciendo que Magaly no estaba en casa y que se había olvidado del celular. No sabía si creerle o no. A lo mejor ya se había regresado a casa y no quería saber nada de mí. A pesar de ello, la esperé cerca de media hora más, pero nada.
Me puse muy triste y molesto conmigo mismo, arrepentido de haber llegado tarde. El tráfico me jugó una mala pasada. Medio ebrio regresé en taxi a mi casa, pero en el camino cambié de opinión y le pedí al taxista que me llevara a la fiesta que había dejado para poder conocer a Nora.
Cuando llegué ya había más gente, la fiesta estaba en su máximo esplendor. Pero a mi amigo le había llegado la visita inesperada de su pareja, de modo que estaba ciertamente controlado porque lo noté cohibido. Así que lo primero que hice fue pedirle a mi amigo que buscara a la esposa de su amigo para que me presentara a Nora.

-Nora, te presento a Carlos
-Hola Nora, que tal, mucho gusto, ¿Bailas?
-Claro, vamos

Mientras bailábamos, me contó que era chiclayana, por eso ya había notado esa alegría y dinamismo que a cualquier persona encantaba. Bailamos varias piezas, pero tenía que alternar mi presencia en el grupo de mi amigo y en el grupo de ella, pues estaban separados. Con Nora, logramos descubrir que teníamos muchos gustos musicales en común.
Pasó cerca de una hora, cuando mi amigo me hizo señas haciéndome saber que ya se iba y que dependía de mí, si me quedaba o no. Pero le dije que mejor me esperara afuera, que me iba a despedir de Nora.

-Nora, me tengo que ir, ha sido un placer conocerte, pero déjame un número para poder comunicarme contigo.
-Claro, dame tu celular.

Le di mi celular y apuntó el número, luego le di un beso en la mejilla y la despedí. Al día siguiente, el domingo después de salir de la misa en Miraflores, la llamé, me contó que se había quedado hasta las seis de la mañana en la fiesta.

-Provecho Norita con la fiesta.
-Sí, pues, estaba lejos de mi casa porque yo vivo en Surco, así que decidí quedarme hasta el otro día en casa de mi prima.
-Bueno Carlos, ha sido un placer saludarte, así que cualquier cosa me llamas.
-Ok Nora, nos vemos, cuídate mucho, besotes.
-Bye.

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